martes, 12 de diciembre de 2006

Calidad y urgencia

Las cosas se pueden hacer bien o mal. Para hacer las cosas bien hay que hacerlas con cuidado, sin urgencia. En general hacer las cosas con cuidado tiene ciertas ventajas, ya que se supone que mejora la calidad del resultado final y disminuye los problemas y las culpas.

El problema de hacer las cosas con cuidado es que es incompatible con las urgencias. Y hacer las cosas con prisas tiene al menos dos ventajas cuya importancia no hemos de minusvalorar:
  • Cuando hacemos las cosas con prisas, podemos culpar a las prisas de la mala calidad del resultado, con lo que se reduce nuestra responsabilidad. Esto es una gestión sencilla de las culpas a la que no hay que renunciar sin considerar los riesgos.
  • Cuando tenemos prisa, podemos presionar a nuestros subordinados para que trabajen más horas. Esto simplifica nuestra gestión, ya que evitamos la responsabilidad de la planificación y el seguimiento de los proyectos.
Lo complicado de todo esto consiste en que estas dos ventajas funcionan a todos los niveles. Si presionamos a nuestros subordinados para que trabajen más duro mediante la segunda táctica, ellos utilizarán la primera en nuestra contra y la calidad del resultado será imprevisible.

(Corolario: se puede presionar a un programador para que trabaje acabando una aplicación durante el fin de semana, pero luego no se le puede pedir que documente las pruebas unitarias)

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