El problema de hacer las cosas con cuidado es que es incompatible con las urgencias. Y hacer las cosas con prisas tiene al menos dos ventajas cuya importancia no hemos de minusvalorar:
- Cuando hacemos las cosas con prisas, podemos culpar a las prisas de la mala calidad del resultado, con lo que se reduce nuestra responsabilidad. Esto es una gestión sencilla de las culpas a la que no hay que renunciar sin considerar los riesgos.
- Cuando tenemos prisa, podemos presionar a nuestros subordinados para que trabajen más horas. Esto simplifica nuestra gestión, ya que evitamos la responsabilidad de la planificación y el seguimiento de los proyectos.
(Corolario: se puede presionar a un programador para que trabaje acabando una aplicación durante el fin de semana, pero luego no se le puede pedir que documente las pruebas unitarias)
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