Existe una raza muy especial de responsables de IT o areas subordinadas. Realmente esa raza se ha extendido a múltiples departamentos y unidades de negocio de diferentes empresas.
Se trata en general de personas que no suelen tener mucha idea de lo que hablan, pero lo hacen de una manera autoritaria, agresiva, vehemente... en fin, variables que superan con creces a otras como conocimiento, sentido común, respeto a las opiniones, etc.
En un entorno inmaduro como en el que nos movemos, en el que habitualmente hay bastante rechazo al conflicto, triunfan los mentirosos y los despotas.
Los mentirosos triunfan porque el mar de ambigüedad y desconocimiento que muchas veces rodea las cuetiones tecnológicas o metodológicas no da pie a discusiones serias, en las que se puedan defender o atacar argumentos de manera relativamente sólida. Ahí ganan los mentirosos sutiles, los que no parece que mienten, o si lo parece, mejor creerse lo que dicen por evitar un conflicto absolutamente esteril.
Al igual que los mentirosos, los despotas triunfan porque son capaces de imponer sus ideas u opiniones a fuerza de agresividad y rudeza. Ahí, por evitar conflictos en este caso más desagradables, también ganan ellos.
Normalmente, los mentirosos suelen estar en la trinchera del proveedor, en forma de comerciales o consultores 'galácticos'. Por el contrario, despotas los solemos encontrar en clientes finales, tomando forma de directores de area, unidades de negocio, responsables de factorías de software y un largo etcétera.
Lo peor es cuando se juntan mentirosos y despotas; en ese momento, el espéctáculo está asegurado. Habitualmente, suelen juntarse en el proceso de venta o en el proceso de cierre de los proyectos, es decir, cuando nadie quiere conflictos, es más, cuando todo el mundo los teme.
Así, los mentirosos venden proyectos a base de falsedades, las cuales son matizadas (normalemente para mal) por parte de los despotas, porque si no, no hay trato.
martes, 12 de diciembre de 2006
Calidad y urgencia
Las cosas se pueden hacer bien o mal. Para hacer las cosas bien hay que hacerlas con cuidado, sin urgencia. En general hacer las cosas con cuidado tiene ciertas ventajas, ya que se supone que mejora la calidad del resultado final y disminuye los problemas y las culpas.
El problema de hacer las cosas con cuidado es que es incompatible con las urgencias. Y hacer las cosas con prisas tiene al menos dos ventajas cuya importancia no hemos de minusvalorar:
(Corolario: se puede presionar a un programador para que trabaje acabando una aplicación durante el fin de semana, pero luego no se le puede pedir que documente las pruebas unitarias)
El problema de hacer las cosas con cuidado es que es incompatible con las urgencias. Y hacer las cosas con prisas tiene al menos dos ventajas cuya importancia no hemos de minusvalorar:
- Cuando hacemos las cosas con prisas, podemos culpar a las prisas de la mala calidad del resultado, con lo que se reduce nuestra responsabilidad. Esto es una gestión sencilla de las culpas a la que no hay que renunciar sin considerar los riesgos.
- Cuando tenemos prisa, podemos presionar a nuestros subordinados para que trabajen más horas. Esto simplifica nuestra gestión, ya que evitamos la responsabilidad de la planificación y el seguimiento de los proyectos.
(Corolario: se puede presionar a un programador para que trabaje acabando una aplicación durante el fin de semana, pero luego no se le puede pedir que documente las pruebas unitarias)
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